Yom Teruah Ministries, Puerto Rico

Yom Teruah Ministries, Puerto Rico

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YOM TERUAH ES UN MINISTERIO APOLOGÉTICA Y EDUCACION CRISTIANA, SIN FINES DE LUCRO. Y ANUNCIAR LAS BUENAS NUEVAS A TODA CRIATURA.

ESTE MINISTERIO TIENE COMO PROPOSITO ENSEÑAR LA PALABRA DE DIOS A LAS NACIONES.

08/10/2026

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Estoy recibiendo en Messenger y en el correo electrónico del ministerio pidiendo donaciones.
Por ejemplo el Sr. Juan Carlos Gómez Hernandez nos pidió una donación usando messenger aquí en Facebook.
Le conteste a él y a otras personas, explicándole que Yom Teruah Ministries, Puerto Rico® es un ministerio puramente cibernético en el cual compartimos estudios bíblicos, ensayos investigativos y temas de manera completamente gratuita.
❗️Nosotros NO solicitamos ni recibimos ofrendas, donaciones ni dinero de ningún tipo por el trabajo que realizamos.
‼️Mi esposo Juan trabaja (con el sudor de su frente) en una empresa privada para cubrir únicamente los gastos de nuestro hogar y mis cuidados.
❗️Por favor, dejen de enviar dinero a personas que no conocen. Si de nuestra lista de personas en Facebook, recibes algún mensaje pidiendo dinero u ofreciendo datos para depositar, déjanos saber inmediatamente para reportar la cuenta y eliminarla de mi lista.
❗️POR FAVOR no se dejen engañar y nos ayuden a compartir este mensaje. Con mucho respeto y gracias por leer.
Maria Izabel Mestre
Grupo en Facebook: 𝐋𝐚 𝐂𝐚𝐯𝐞𝐫𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐏𝐫𝐨𝐟𝐞𝐭𝐚
Grupo en Facebook: Esto No Te Lo Enseñaron Los Evangélicos

08/10/2026

Saludos, publicado también en mi canal de YouTube: https://youtu.be/6nSk9B_vbMY?si=XzuAnj8IJMdVnC5B

7 DE OCTUBRE DE 2026
Sueño profético

🖊️ Título: Cuando el Redentor llega en el momento de mayor opresión

📌 Antes de continuar leyendo, publiqué el sueño profético en mi canal de YouTube y el resto de mis redes. Comparto los enlaces:

🔵 YouTube: https://youtu.be/6nSk9B_vbMY?si=XzuAnj8IJMdVnC5B

🟣 Blog: https://mariaizabelmestre.blogspot.com/2026/10/7octubre2026-sueno-profetico-titulo.html

Les cuento que durante la noche, me desperté para tomar un poco de agua. Al mirar el reloj, vi que eran casi las 3:00 a.m. Pensé en silencio: «Todavía tengo unas horas más para descansar», y volví a la cama.

Al quedar dormida nuevamente, fui transportada de inmediato a una escena sobrecogedora. Me encontraba de pie en el centro de una habitación extraña, donde absolutamente todas las paredes estaban cubiertas de losetas blancas. El lugar se sentía completamente aislado, y al no reconocer dónde me hallaba, alcé la voz y pregunté con fuerza: «¿Dónde estoy?»

Fue entonces cuando la atmósfera cambió. Aunque parezca una escena de ciencia ficción, desde el suelo, comenzó a avanzar hacia mí un líquido negro, denso y espeso, semejante a la brea.
Se movía lentamente, arrastrándose en mi dirección. En ese instante, una risa oscura y desagradable resonó en el lugar, seguida por una voz que me dijo: «Te encontré». A pesar de escuchar aquellas palabras con total claridad, no había ningún rostro ni figura visible a quien atribuírselas.

De repente, aquel líquido oscuro comenzó a subir, cubriendo y forrando de negro cada una de las paredes blancas. Fue entonces cuando aquella horrible voz, imponente y cargada de ruidos del mundo, me dijo: «Sé todo lo que has hecho en el pasado».

De inmediato, sentí una profunda opresión en mi mente y en todo mi cuerpo. La voz comenzó a proyectar en mi mente una especie de película de mi propia vida, reproduciendo recuerdos de mi niñez para acusarme y colocar sobre mí un denso peso de responsabilidad y culpa por cosas del pasado. Se sentía como una voz dominante que pretendía someterme bajo el yugo del reproche.

Aquella voz continuó su ataque usando los ecos de personas cercanas a mi vida; escuchaba palabras de desaprobación que me hacían sentir que nunca hacía nada bien, alimentando aún más la culpa dentro de mí.

En medio de la desesperación y la frustración, le gritaba que me dejara en paz. Luego, el tormento se volvió más agresivo: comenzó a utilizar las voces de personas del pasado que me hicieron daño durante mi juventud, aquellos momentos dolorosos frente a los cuales me había guardado en silencio.

En ese instante, la frustración se transformó en un enojo profundo. Embargada por una intensa intranquilidad y rabia, le gritaba palabras fuertes e hirientes a esa presencia, intentando defenderme de una opresión que amenazaba con ahogarme.

Llevando mis manos a la cabeza, intentaba frenar el tormento, pero aquella voz continuaba proyectando una escena tras otra en mi mente para afligirme.

De pronto, su tono cambió a una burla fría y amenazante mientras me decía: «No lograste nada en los lugares a los que Él te envió», refiriéndose a mi Señor Jesucristo. En esa pantalla mental comenzó a mostrarme aquellas iglesias a las que el Señor me había mandado en el pasado a entregar mensajes de amonestación y palabras proféticas; lugares donde guardé silencio con obediencia a pesar de sufrir acoso y maltrato, y cuyas puertas tiempo después el Señor mismo terminó por cerrar.

Aquella voz se reía con malevolencia, imitando las voces de esos pastores y pastoras caídos para desafiarme y decirme: «¿Y ahora dónde está al que tú le sirves?».

Un profundo coraje encendió mi corazón y, con indignación, continuaba confrontando y discutiendo con esa presencia en medio de la contienda.

De repente, el tono mutó y tomó la voz burlona de una mujer a quien también reconocí: aquella persona que se presenta públicamente en redes sociales como pastora dentro de un movimiento sectario enfocado en juicios y castigos involucrada en política mundana.

Ese ser acusador proyectó ante mí una serie de escenas detalladas donde se reflejaban los años de difamación e intrigas que ella impulsó en mi contra, mostrando fecha tras fecha —desde el 2012 hasta el día de hoy— cómo organizaba a distintos grupos para sembrar mentiras sobre mi vida.

En esa proyección mental observaba cada año, cada grupo distinto y la manera en que mediante el engaño lograba manipular a sus seguidores, recibiendo de ellos recompensa, dinero, oro y plata a cambio de sostener la mentira.

Mientras me mostraba esas escenas, la presencia continuaba avanzando hacia mí. Aquel líquido negro comenzó a transformarse en una especie de aire denso que se movía en mi dirección, envolviéndome hasta sentirse sobre mi piel como una sábana de seda oscura y sofocante.

La voz se reía a carcajadas con burla, y con cada una de sus risas se desataba un estruendo ensordecedor lleno de ruidos del mundo y de un mar embravecido y fuera de control, creando una atmósfera verdaderamente aterradora.

Mi indignación y mi enojo llegaron al límite. Le gritaba con todas mis fuerzas: «déjame en paz», pues en medio del tormento la mente se me nublaba y no lograba recordar textos bíblicos para defenderme.
En lo más profundo de mi ser, dije en silencio: «No puedo más con tanta opresión».

De repente, en medio de la desesperación, se escuchó un paso... un solo paso firme y colosal, como el retumbar de la tierra con el paso de un gigante. Ocurrió una expansión incontenible de energía y destellos imposibles de explicar.

Yo me encontraba de espaldas cuando esa fuerza sublime y deslumbrante atravesó mi cuerpo, sintiéndose a la vez como un viento recio y la delicadeza de un suave susurro.

En ese mismo instante, la luz rompió las tinieblas: aquel ser malvado, la brea y la oscuridad comenzaron a desprenderse con violencia de las paredes y del suelo. Se escuchaba un alarido de puro terror mientras aquel líquido negro se retorcía agónicamente, gritando a gran voz: «¡El Nazareno! ¡El Santo de Dios!».

De momento, mi alma comenzó a recobrarse de aquella terrible opresión cuando una majestad gloriosa y santa llenó el lugar, disipando por completo la presencia del mal.

Aquella voz y aquel líquido negro se convirtieron en nada; no quedó ni el más mínimo rastro de la tiniebla. Fue entonces cuando sentí suavemente sobre mi cabeza una mano amorosa y compasiva, al tiempo que me llamaba por mi nombre: «María», mientras aquella presencia de las tinieblas, nunca me llamó por mi nombre.

Al escuchar Su voz, comencé a llorar inconsolablemente como una niña pequeña. No me atrevía a girarme para mirarle; me sentía embargada por la vergüenza al ver cómo el enemigo me había oprimido y cómo, mediante el engaño, había usado mi propia consciencia para atormentarme.

Con mi Señor Jesús a mis espaldas, me giré y caí de rodillas al piso. Al postrarme frente a los pies de mi Rey y poner mis manos sobre el suelo, miré hacia abajo y vi que la superficie brillaba con un esplendor hermoso, semejante al interior de un caracol o a la porcelana fina.

En ese instante sentí en el alma lo mismo que el profeta Isaías cuando proclamó:

Isaías 6:5 (RVR1960)
Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy mu**to; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
Llevaba sobre mis hombros la pesadez y la humillación acumulada por décadas de acusaciones.

Aquella presencia majestuosa y esa luz pura y radiante envolvían por completo a mi Señor, proyectando una gloria incalculable que llenaba cada rincón.

Ante mis ojos se desplegó una visión sublime: un camino compuesto de seres vivientes que formaban una impresionante espiral, todos unidos en una sola voz de adoración incontenible, proclamando la grandeza, la soberanía y el dominio supremo del Rey de reyes, Jesús de Nazaret.

Postrada en el piso, escuchaba el retumbo armónico de sus cantos alabando la hermosura e infinita dignidad de Dios.

Cuando mi Señor Jesucristo volvió a llamarme, intenté pronunciar unas palabras para explicarle lo que sentía, pero antes de que pudiera articular frase alguna, escuché Su voz suave y llena de autoridad, diciéndome: «Lo sé, ten paz, hija».

En ese instante comprendí con total claridad la inmensidad de Su omnisciencia: Él es Emanuel, el Dios con nosotros, el Señor que conoce el pensamiento de nuestro corazón antes de que nazca en nuestros labios (Salmos 139:4; Mateo 6:8).

Toda la opresión y el temor del pasado se disiparon por completo ante la inmensidad de Su gracia y la soberana majestad de Su presencia.

Despertando del sueño profético, me levanté regocijada pero a la vez, miré el reloj y vi que eran las 5:41 a.m., sintiéndome afanada por la responsabilidad de que pensaba que mi esposo Juan tenía que trabajar en el turno de las 5:30 a.m. por lo que lo desperté pensando que estaba tarde para ir a trabajar, perdiendo la noción del tiempo y mi esposo me dijo que era miércoles y entraba a trabajar en el turno de 1:30 p.m. a 9:30 p.m., contándole la experiencia llorando.
Hermanos, debemos reflexionar en el descanso de ser conocidos y consolados por Cristo.

Mientras oraba y escribía este sueño profético en mi libreta #12, el Espíritu Santo me guió a los siguientes pasajes bíblicos: Salmos 139:4, Mateo 6:8, 1 Corintios 14:3.

El verdadero propósito de compartir las experiencias y testimonios que el Señor nos da debe ser siempre traer edificación, ánimo y consolación a la vida de los demás (1 Corintios 14:3).

Cuando enfrentamos momentos difíciles, acusaciones o batallas en la mente, el enemigo busca hacernos creer que estamos solos, que no hay quien nos defienda, por lo que optamos por buscar defender nuestras propias causas.

Sin embargo, debemos entender que no existe justificación en nosotros mismos como pecadores, sino que hemos sido justificados por la obediencia perfecta de nuestro SEÑOR JESUCRISTO, la cual nos ha sido imputada, como si hubiera sido nuestra obediencia y así nos ha amado Dios desde la eternidad.

Las voces del mundo y las mentiras del acusador solo traen culpa, duda y desesperación. En cambio, la voz de Jesucristo jamás trae condenación para los suyos; Su voz trae orden, quietud y restauración.

Un solo murmullo de Su voz diciendo: "Lo sé, ten paz", tiene el poder soberano de disipar toda tormenta interior y desbaratar las mentiras acumuladas por años.

Si hoy te encuentras atravesando acusaciones, mentiras o el peso de cargas del pasado:

No luches en tus fuerzas: Entrégale la carga al Señor; la verdad siempre prevalece en Su presencia.

Descansa en Su conocimiento: Dios no necesita que le expliques tu dolor de forma perfecta; Él conoce tu corazón y camina a tu lado en todo momento.

Permanece bajo Su consuelo: Cuando dejamos que la voz de Cristo sea la que gobierne nuestra mente, el ruido del enemigo pierde toda su fuerza y se convierte en nada ante la santidad y majestad de nuestro Salvador.

La Palabra nos insta a examinarlo todo y retener lo bueno, examinar las estructuras conciliares dogmáticas para ver si están alineadas conformes al orden bíblico, reconociendo a los falsos liderazgos no por sus palabras grandilocuentes, sino por sus frutos (leer Mateo 7:16). Para guardar la iglesia con sabiduría y paz:

El verdadero pastor siempre exaltará la gloria de Jesucristo, la provisión de su gracia y la cruz. Quien busca la autopromoción, la ganancia deshonesta o mantener a la gente cautiva bajo el miedo y los juicios continuos, se ha apartado de la Verdad.

2 Juan 9:11 (RVR1960)
Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios;

La verdad no se edifica sobre la difamación, el engaño o la persecución a otros hermanos. El siervo de Dios debe de tener pleno conocimiento del Evangelio fiel para guiar con humildad, mansedumbre y sobriedad, sin buscar el dominar al pueblo segun la doctrina de los nicolaitas que el SEÑOR aborrece, sin añorar obtener las riquezas de este mundo.

La mejor protección ante la mentira es conocer profundamente la Palabra de Dios. Un rebaño firme reconoce la voz del Buen Pastor, la cual siempre trae verdad, santidad y el descanso en Su presencia.

Agradezco mucho que estés del otro lado leyendo esto. Hasta la próxima. 💛

Gracia y paz.

Autoría:
María Izabel Mestre
Profetisa de Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Pentecostales Reformados
Carolina, Puerto Rico
[email protected]

06/10/2026

Para los amantes de la buena lectura... espero que sea de bendición para cada uno de ustedes.

4 de octubre de 2026
#317

Tesis: LOS QUE ESTAMOS EN CRISTO NO PODEMOS FOMENTAR LA QUEJA CRIOLLA QUE CONDUCE AL PESIMISMO COLECTIVO EN PUERTO RICO

⚫️ Publicado en el Blog:
https://yomteruahministrie.blogspot.com/2026/10/317-4-de-octubre-de-2026-tesis-los-que.html

La queja criolla tiene su origen en los más de 500 años de estatus colonial que ha atravesado la isla de Puerto Rico.

Para comprender su alcance, es necesario examinar primero la fusión entre el sistema religioso institucionalizado del cristianismo niceno y el poder político del Estado. Esta alianza comenzó con el Edicto de Tesalónica el 27 de febrero del 380, promulgado por los emperadores romanos Teodosio I, Graciano y Valentiniano II.

Los académicos cristianos trinitarios mienten al afirmar que dicho edicto buscaba prohibir la práctica del paganismo en el Imperio romano. La realidad es que su verdadero propósito fue prohibir todo culto cristiano —como el arrianismo— que no estuviera alineado con la doctrina católica de la Trinidad de Dios, la cual constituye una reinterpretación gentil de la naturaleza divina influenciada por el neoplatonismo griego.

Lo que ignora la mayoría de la cristiandad trinitaria, sin importar la denominación, es que la imposición del dogma trinitario niceno dio paso a la ruptura entre la Iglesia católica y el origen hebreo del cristianismo primitivo. De este modo, mientras Jesús dijo:

Mateo 26:51-52 (RVR1960)
Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.

El Edicto de Tesalónica (380) proclamó:
«Es evidente que esta es también la religión que profesa el pontífice Dámaso, y Pedro, obispo de Alejandría, hombre de apostólica santidad; esto es, que de acuerdo con la disciplina apostólica y la doctrina evangélica, debemos creer en la divinidad una del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo con igual majestad y bajo la noción de la Santa Trinidad.

Ordenamos que aquellas personas que siguen esta norma tomen el nombre de cristianos católicos. Sin embargo, el resto, a quienes consideramos dementes e insensatos, asumirán la infamia de los dogmas heréticos, sus lugares de reunión no obtendrán el nombre de iglesias y serán castigados primeramente por la venganza divina y, después, también por el justo castigo de nuestra propia iniciativa, en consonancia con el juicio divino».

Este edicto «pagano» decretó que todo aquel que profesara la doctrina de la Santa Trinidad debía autodenominarse cristiano católico.

A partir de ese momento, el cristianismo trinitario respaldado por el Estado asumió la potestad de ejecutar el «justo castigo» por iniciativa propia, además del juicio divino, en contra de todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con dicho decreto.

Mientras Jesús advirtió:
Mateo 10:22 (RVR1960)
Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.

Por el contrario, el sistema eclesiástico institucionalizado estableció por mandato que todo aquel que no confesara el dogma católico de la Trinidad —basado en la creencia de un Dios que existe en tres personas coiguales y coeternas, pero con distintos roles— sería considerado herético. Como consecuencia, quien negara la Trinidad se convertía en objeto de persecución y acusación.

Puerto Rico fue colonizado primeramente por el régimen español católico hasta finales del siglo XIX y, posteriormente, por el régimen estadounidense protestante evangélico hasta el día de hoy.

Siglos de dominio bajo regímenes autoritarios que han sometido a la población puertorriqueña han provocado una frustración colectiva, derivada del hecho de que las decisiones políticas y económicas cruciales se toman fuera del país.

A la par con los constantes ciclos de crisis y la profunda desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales, los puertorriqueños han desarrollado un escudo cultural. Este consiste en presagiar lo peor que pueda suceder en la isla como mecanismo para evitar ser defraudados por el gobierno de turno, el cual responde primordialmente a los intereses de sus inversionistas electorales.

Este escudo cultural se manifiesta claramente en el desahogo criollo cotidiano. Es el tipo de conversación colectiva que surge, por ejemplo, mientras las personas esperan por las mañanas a que abran los supermercados o las oficinas de servicio, donde se resaltan las problemáticas del país bajo la firme convicción de que la situación habrá de empeorar.

Aprovechándose de esta queja criolla y del pesimismo colectivo, ciertos líderes sectarios que se identifican como evangélicos pentecostales han inculcado en el pensamiento supersticioso de la sociedad puertorriqueña una noción heredada del Edicto de Tesalónica: la idea de que la isla enfrentará un juicio divino debido a que la población se ha mostrado renuente a someterse a los diversos regímenes religiosos del país.

Ciertamente, el apóstol Pablo establece el mensaje del reino de los cielos fundamentándolo en la manifestación de la ira de Dios:

Romanos 1:18 (RVR1960)
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;

Este versículo establece la culpabilidad de cada ser humano ante un Dios santo que exige de su creación una obediencia perfecta.

Sin embargo, este tipo de pensamiento pesimista —basado en la expectativa de una hecatombe en la isla de Puerto Rico y adoptado por parte de la cristiandad local— se alinea perfectamente con el pesimismo cultural que permea a la sociedad puertorriqueña.
Así pues, el pensamiento pesimista de muchos cristianos nominales en la isla —quienes dan crédito a los montajes de falsos y falsas atalayas— no es más que un desahogo religioso. Esta actitud nace de la frustración y de un celo amargo ante la imposibilidad de imponer sus dogmas al resto de la sociedad.

En consecuencia, ven la idea de un desastre o hecatombe no como una tragedia, sino como un galardón divino para su comunidad, creyéndose justos por el solo hecho de defender su causa.

Por esta razón, la comunidad cristiana de la isla debe despojarse de toda frustración colectiva y cultural. El cristianismo genuino no consiste en defender un celo denominacional basado en los paradigmas que imponen los académicos religiosos, sino que es un asunto de vida o muerte: la necesidad imperiosa de justificación ante un Dios santo a quien hemos ofendido con nuestra incredulidad innata.

El problema del pecado del ser humano es, en esencia, un asunto de incredulidad. Quien muere desconfiando de que Cristo nos garantizó la vida eterna —sin que medie mérito alguno en la religión—, muere sin ser justificado.

Cada vez que cedemos al pecado, lo hacemos en abierta rebelión contra las disposiciones de la Palabra de Dios. Por lo tanto, tenemos la necesidad de arrepentirnos sinceramente, reconociendo: «No debí haber hecho tal cosa». A esto debe seguir, si es necesario, la enmienda de la falta si se cometió contra el prójimo, buscando en lo íntimo la gracia de Dios, quien en su infinita misericordia no se acuerda más de nuestras rebeliones.

La conciencia del cristiano debe estar plenamente al tanto de su propia inclinación pecaminosa, esa naturaleza que nos condena a la separación eterna. Debe comprender que la autojustificación religiosa y denominacional es la ruina del creyente, llevándolo a reconocer que nos resulta imposible agradar a Dios por méritos propios y que, por esta razón, solo podemos hallar pronto socorro mediante la fe en Cristo.

¡Cuántos cristianos en Puerto Rico se encuentran, sin saberlo, al borde de la sartén! Viven en una peligrosa indeterminación a causa de las ideas que les inculcan líderes religiosos, motivados por un celo denominacional que los empuja a desear que Dios castigue a la sociedad puertorriqueña con una hecatombe, solo porque se consideran justos a sí mismos, sentándose así en la silla de los escarnecedores.

En la silla de los escarnecedores se sientan quienes, en su soberbia, presumen ser los más aptos para agradar a Dios. Se consideran los «buenos de la película» y se atribuyen la autoridad de torcer la Palabra divina para decidir a quién ama Dios y quién merece sufrir un juicio catastrófico.

No somos merecedores, sino deudores de una salvación tan grande. Mientras líderes que se afirman pastores pierden el tiempo alineándose con políticos conservadores para imponer a la sociedad leyes punitivas —guiados por un celo religioso de tinte opresivo, al estilo del Edicto de Tesalónica del 380, que inevitablemente margina a las minorías en una democracia—, apartan al pueblo cristiano de la Gran Comisión, la cual ordena:

Marcos 16:15-18 (RVR1960)

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen:
En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

¿Está la Iglesia cumpliendo con la Gran Comisión de, primero, conocer el evangelio fiel —basado en la salvación únicamente por la gracia de Dios, sin que medie el celo denominacional— para luego darlo a conocer a toda criatura?

En cambio, el sistema eclesiástico ha actuado en obediencia ciega a la lógica del Edicto de Tesalónica del 380, sometiendo al pueblo con la amenaza del castigo divino e imponiendo el criterio de una estructura que excomulga y declara apartados de la presencia de Dios a todos aquellos que no se amoldan a las reglas que impone el «dios concilio».

Debido a la manifestación de la gran apostasía —que no es más que una agenda en la cual el sistema religioso institucionalizado se rebela contra las disposiciones del evangelio del Reino de los Cielos para erigir sus propias basílicas evangélicas—, me afirmo en la doctrina del pacto de los testigos fieles en Cristo.

Esta sostiene que, cuando el sistema eclesiástico sea cortado, el SEÑOR utilizará otros medios para la evangelización de los pueblos (conforme a Apocalipsis 7, 11 y 14:6) y volverá su atención a las naciones de Israel y Judá.

Así cumplirá el juramento hecho a Abraham, Isaac y Jacob: reunir a todas las tribus y establecerlas en su tierra en paz durante el reinado milenial de Cristo.

Leamos, Jeremías 30:1-3 (RVR1960)
Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Así habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado. Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán.

Ante todo esto, la pregunta inevitable es: ¿estás esperando la manifestación de una hecatombe como juicio divino para tu nación, impulsado por una mala fe religiosa que no proviene de Dios, sino del enemigo de nuestras almas?

O, por el contrario, motivado por el amor de Cristo, ¿estás proclamando la esperanza que tenemos en Él a todos los que anhelan la redención de nuestra tierra (conforme a Lucas 2:38), aun cuando no la veamos cumplirse en nuestro tiempo?

Lo cierto es que muchos grupos sectarios en la isla se aprovechan del pesimismo cultural de los puertorriqueños para ofrecer, como supuestas alternativas, estructuras de pensamiento basadas en una falsa autojustificación ante Dios. Estas se fundamentan en:

✔️ Falsas profecías sobre catástrofes y juicios divinos contra Puerto Rico, acompañadas del engaño de que tales desgracias producirán un avivamiento colectivo.

✔️ La ilusión de que la Iglesia traerá justicia social mediante la inserción activa de los cristianos en determinado partido político.

✔️ La teología del dominio, la cual sostiene erróneamente que la Iglesia conquistará el sistema secular para establecer el Reino antes de la segunda venida de Cristo.

No faltan liderazgos inmaduros con espíritu jezabeliano que promuevan estas agendas anticristianas, ni faltan hombres al estilo de Acab que, con una marcada falta de liderazgo en sus hogares, permiten que sus familias se involucren en las diversas sectas que están devorando a Puerto Rico.

Y es que la apostasía no proviene del mundo, sino del propio sistema eclesiástico que se rebela contra las disposiciones del Reino de los Cielos.

Frente a esto, la verdadera esperanza del cristiano bíblico es que JESÚS, mediante su Santo Espíritu, nos conceda las fuerzas, la valentía y la paciencia necesarias para perseverar hasta llegar a su presencia, habiendo conducido a muchos a la fe y al conocimiento del Reino.

Un Reino donde la muerte y resurrección de Jesucristo nos capacita para participar de su naturaleza divina y disfrutar de la vida eterna como sacerdotes del santuario celestial.

Al examinar las raíces de nuestro devenir histórico, queda al descubierto que la «queja criolla» ha sido alimentada por una cultura de sometimiento que el sistema religioso ha sabido capitalizar.

El pesimismo colectivo que permea a la sociedad puertorriqueña no es un fenómeno fortuito, sino el resultado de siglos bajo regímenes autoritarios que acostumbraron al pueblo a ver su destino decidido desde afuera. Sin embargo, el mayor peligro actual no radica únicamente en la frustración política, sino en cómo el sistema eclesiástico institucionalizado ha instrumentalizado esa vulnerabilidad cultural.

Al sustituir la gracia del evangelio por el miedo a un juicio inminente y por un celo denominacional punitivo —heredado del Edicto de Tesalónica—, ciertos líderes han transformado la fe en una plataforma de dominio, manipulación y beneficio propio.
Frente a esta distorsión, el pueblo cristiano en Puerto Rico debe despojarse de la tentación de sentarse en la silla de los escarnecedores a desear la ruina de su propia tierra bajo una falsa premisa de justicia propia.

La respuesta bíblica no es el atrincheramiento en la hecatombe ni la politización de la fe, sino el retorno humilde a la Gran Comisión: proclamar la salvación por gracia, vivir en arrepentimiento sincero y perseverar como testigos fieles de Cristo.

Solo cuando la Iglesia abandone el celo sectario y abrace la esperanza verdadera, podrá ofrecer a nuestra nación una luz que no condene ni oprima, sino que transforme y redima.

Gracia y paz.

Autoría:
Apóstol Juan Calo
Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Carolina, Puerto Rico
[email protected]
Ministerio De Educación Cristiana Y Apologética, (sin fines de lucro)
"Levantando el testimonio de JESUCRISTO"

76. Intentando no perder la paciencia (reflexión) Ezequiel 36:26 01/10/2026

Bendiciones. «La paz real no nace de aguantar a la fuerza, sino de rendir el control.» 🌿
Si hoy te sientes cansada de luchar con tus mismas reacciones, este mensaje es para ti. Aprendamos a permitir que la gracia de Dios transforme nuestro corazón desde la raíz.
📖 Ezequiel 36:26
🎥 Escucha la reflexión completa aquí:
https://youtu.be/U1LqjBLTzgU?is=msG6clDVtColtiSU
(Si te bendice, guárdalo y compártelo con alguien que lo necesite hoy).

76. Intentando no perder la paciencia (reflexión) Ezequiel 36:26 🖋️ Intentar no perder la paciencia por pura fuerza de voluntad solo...

30/09/2026

Me disculpo mi espanglish 😂 quería explicarle todo, también el ruido del abanico y la parte donde menciono que sale un anuncio lo pude editar/eliminar.

Dios recompensa la paciencia de los creyentes. Santiago 5:11 30/09/2026

Dios recompensa la paciencia de los creyentes.

La paciencia no es solo esperar a que la tormenta pase, sino confiar en que Dios tiene el control de todo, aun cuando no entendamos el proceso. Como en la vida de Job, cada prueba tiene un propósito y un límite fijado por nuestro Padre. Dios no ignora tus lágrimas ni tu espera; al final, Su misericordia siempre llega y demuestra que confiar en Él vale la pena.

Descansa en Su tiempo, porque Su amor y Su compasión nunca fallan.

Autoría:
María Izabel Mestre
Profetisa de Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Pentecostales Reformados
Carolina, Puerto Rico
[email protected]

Dios recompensa la paciencia de los creyentes. Santiago 5:11 Dios recompensa la paciencia de los creyentes. La paciencia no es...

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