Gran Encomienda de Inca y norte de Mallorca

Gran Encomienda de Inca y norte de Mallorca

Compartir

Gran Encomienda de Inca y norte de Mallorca, perteneciente a la Orden Templaria S.M.O.T.H. M.I.T.

16/10/2026

Querido Hermano Templario, contempla en lo más profundo de tu ser por qué convenía de manera absoluta e ineludible que Cristo padeciese. Pondera, con el alma sobrecogida, que el primer y grandioso fundamento de estas palabras pronunciadas por Jesús no fue otro que la soberana e insondable voluntad de su Padre, quien así lo decretó desde la sagrada eternidad.

La segunda razón clamorosa estriba en la profecía viva que, siglos antes, proclamó el Espíritu Santo por boca de los profetas. La tercera razón, que abate todo entendimiento, fue el ardiente y libre querer de Jesús: teniendo en sus manos la potestad de redimir al hombre por caminos llanos y exentos de amargura, eligió con determinación desgarradora el tormento supremo, empujado por un amor voraz y sublime hacia la humanidad, por ser este el testimonio más perfecto y excelente de todos.

Esta inmensa bondad del Hijo de Dios, este amor furioso, extraordinario e incomprensible hacia el linaje humano, debe abrasar de continuo tus meditaciones. ¡Fue por nosotros, y única y exclusivamente por nosotros, por quienes anheló entregarse a la muerte! Buscó con sed insaciable cada ocasión para sufrir, se rebajó hasta lo impensable, padeció abismos de agonía en su cuerpo y en su alma, y entregó su carne para ser clavada en el madero de la cruz.

¿Y acaso pretendemos nosotros huir cobardemente de los insignificantes pesares que salen a nuestro encuentro? ¿Cómo no hemos de ofrecerlos con entrega total a Jesús, siquiera en humilde consideración a los tormentos infinitos y horribles que Él devoró por nuestro rescate? ¿Es que hemos olvidado que el Reino de Dios se arrebata con sagrada violencia, que la pobreza es la verdadera prenda de la bienaventuranza eterna, y que para vivir auténticamente en Cristo es imprescindible abrazar la cruz, encajar persecuciones y derramar lágrimas de dolor?

Si no libramos una batalla despiadada contra nosotros mismos, si no nos mortificamos y nos clavamos con valor indomable en la cruz de Cristo, jamás lograremos arrancar de raíz la ponzoña del vicio, ni doblegar las pasiones, ni expulsar el pecado de las honduras del alma, ni aplastar a Satanás, nuestro eterno enemigo. ¡Entiéndelo bien! No existe virtud sólida sin la espada de la mortificación; no existe arrepentimiento sincero sin el fuego de la penitencia; no habrá paz para el espíritu en esta vida, ni gloria bienaventurada en la otra, sin el abrazo sangriento a la cruz de Jesucristo.

Por eso, mi Hermano, cuando el Señor ponga sobre tus hombros el peso sagrado de alguna Cruz, clama con fuerza e imperiosidad que así conviene entrar en el Reino, y bendice con reverencia la mano de Dios, que por medio de la cruz te purifica, te disciplina y te eleva hacia Él.
FTAT.NNDNN 🌹❤🌹

15/10/2026

Querido Hermano Templario, contempla con el alma al desnudo el inmenso y supremo precio que exige la santidad. No basta con un leve deseo; es menester arrancar de raíz, con furor santo, los hábitos viciosos y grabar a fuego en las entrañas del alma cada una de las virtudes. Tal victoria jamás se conquista sin una entrega sangrienta de tiempo y esfuerzo. Arrastramos el peso atroz de nuestra naturaleza caída y las cadenas de nuestros propios extravíos; nuestra alma yace profundamente torcida y desgarrada, y jamás recobrará su rectitud si no nos hacemos a nosotros mismos una violencia titánica y heroica. ¡Cuán pocos son los valientes que sostienen un combate implacable y sin tregua contra sus pasiones desenfrenadas! Por eso, aun los más grandes santos no alcanzaron la cima de la perfección sino tras cruentas décadas de lucha, al filo de su último aliento.

Considera con estremecimiento que el hombre puede levantarse en grandeza de tres maneras: ante sus propios ojos, ante la mirada de los hombres, y ante la majestad insondable de Dios. Creerse grande ante uno mismo es el colmo de la ceguera, una ignorancia soberbia que reduce la existencia a la nada absoluta. La grandeza cimentada en la efímera aclamación de los hombres no es más que una ilusión vana, un engaño miserable. Solo es infinitamente grande aquel que lo es ante los ojos del Altísimo, porque ante su gloria todo imperio es polvo, y solo Él penetra el valor sagrado de las criaturas.

San Juan jamás se ensalzó a sí mismo; se humilló hasta el polvo en la presencia divina, reputándose el más insignificante de los mortales. Y aunque el mundo, enceguecido por su fulgor, creyó ver en él al mismo Mesías, el santo pisoteó el juicio engañoso de los hombres con santo desprecio. Lo que lo vuelve sublime, incomparable y estremecedor es haber sido inmenso ante Dios: inmenso en su misión formidable de Precursor, inmenso en el heroísmo de sus virtudes y sublime en los devotos servicios prestados a Jesucristo.

Hermano Templario, fija tu mirada temblorosa en él, ante todo como el Precursor del Redentor. Dios reparte sus gracias con misericordia, pero en San Juan Bautista las vertió todas como un torrente divino. En él converge el alma del patriarca, la visión del profeta, el fuego del apóstol, el testimonio del evangelista, la sabiduría del doctor, la pureza de la virgen y el rigor del anacoreta. Élite de la antigua ley y aurora de la nueva, fue santificado en el seno materno por un privilegio desbordante de gracia. El mismo Jesús en persona le visitó antes de nacer, infundiéndole su Santo Espíritu y consagrándolo como su voz arrolladora; exigió ser bautizado por sus manos en el Jordán y se inclinó a escuchar la palabra de Juan entre las multitudes. ¿Qué honor más alto, qué gloria más tremenda podría concederse a un mortal?
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

14/10/2026

Queridos Hermanos Templarios, considerad con el alma estremecida cómo la majestuosa gloria con que el Eterno Padre coronó la sacrosanta Humanidad de su divino Hijo no fue un simple adorno, sino el desgarrador e ineludible clamor de recompensa por el tormento inconmensurable, el fuego del sacrificio y la abismal, lacerante humillación del Calvario. Esta glorificación, este triunfo deslumbrante de Jesús en la resurrección, no fue un azar, sino una verdad proclamada a fuego por el mismo Salvador al clamar que era preciso atravesar ese in****no de dolor para irrumpir en su eterna gloria. Porque si en su pasión se anonadó hasta el más profundo y oscuro abismo, en su resurrección debía ser exaltado con un fulgor que aplasta toda honra humana, un mandato divino para que ante su sagrado Nombre se dobla la rodilla, temblando de pavor y amor, cuanto existe en el cielo, en la tierra y en los abismos, y para que toda lengua clame con fervor incandescente que Jesucristo, nuestro Señor, reina victorioso en la gloria del Padre.

Meditad con la sangre hirviendo que este triunfo de la Santa Humanidad de Jesucristo estaba destinado a ser un fuego abrasador, absoluto y perfecto en nosotros. Porque al ascender a la Cruz, no subió solo: nos arrastró a todos, dejando allí clavadas, consumidas y ahogadas en el torrente de la Sangre Preciosa del Cordero nuestras miserables culpas. Y al quebrantar la tumba, Dios quiso que con la Humanidad de Jesús resucitara, desgarrada del pecado y purificada en Sangre, toda nuestra naturaleza. Así como la traición de Adán nos despeñó a la muerte, la Resurrección del Nuevo Adán, Cabeza Inmaculada de la Caballería regenerada, hace brotar un volcán inagotable de vida para nuestras almas y el derecho irrevocable a resucitar en la eternidad.

Admiraos hasta el trance, Hermano mío, ante la infinita y sobrecogedora generosidad de Dios, que del sepulcro, esa morada de podredumbre y sombras, hizo estallar la germinación impetuosa de una vida totalmente nueva; que de la ignominia más vil extrajo la santidad más pura. Contempla con espanto y devoción cómo los caminos de Dios para exaltar al hombre exigen sangrar, y cómo para alcanzar la Gloria jamás ha existido ni existirá otro sendero que el sendero desgarrador de la Cruz.

Por eso, mi amado Hermano Templario, mira cuán grabado a fuego llevas el deber de honrar con jubiloso estremecimiento este misterio, que es el sello de tu redención. Humíllate hasta el polvo al verte centro de semejante amor, obrado ¡únicamente por ti!, sabiendo Dios que responderías con la más vil ingratitud.
¡Quebrántate hoy por tus culpas! Muere para el mundo, clávate en la Cruz con Cristo y resucita triunfante con Él en las mansiones de la eterna bienaventuranza.
FTAT.NNDNN🌹❤🌹

13/10/2026

Querido Hermano Templario,

En este 13 de octubre, fecha aciaga grabada con fuego y sangre en la memoria de nuestra Orden, cuando la codicia de un rey vil y la cobardía de un Papa sumiso desataron el mayor crimen jurídico de la historia, nuestra fe no se quiebra, se templará aún más en la fragua del dolor. Aquel amanecer en Francia, donde la traición pretendió apagar la luz de la milicia del Cristo, nos recuerda que el camino del verdadero Templario siempre ha estado marcado por el sacrificio y la injusticia de este mundo.

Considera con el alma encendida que la vista de las sagradas llagas de Cristo debe persuadirnos, hoy más que nunca, de que nada es tan honroso para un Templario, ni tan dulce y profundamente útil para su alma, como padecer y sufrir por servir a Dios y defender la verdad.

Nada hay tan honroso, porque las llagas de nuestras tribulaciones y el recuerdo de aquellos hermanos injustamente encadenados nos asemejan a Jesús, quien quiso conservar las heridas de su pasión aún después de su gloriosa resurrección, como emblemas eternos de su victoria y trofeos inmortales de su triunfo. Con ellas ascendió a los cielos, está sentado a la diestra de su Eterno Padre y vendrá como soberano juez a juzgar a los vivos, a los mu***os y a los tiranos que mancillaron la justicia. La cruz glorificó a Jesucristo, y Jesucristo glorificó la cruz; y esa misma cruz, teñida con el rojo de sus llagas y de la sangre de nuestros mártires, nos une a todos los Santos y nos llena de un amor indomable por ser portadores de su estandarte.

Nada tan dulce, porque Jesús es la dulzura infinita, y todo lo que a Él se une participa de esa gracia inagotable. Al abrazar los sufrimientos y la persecución, Él les ha comunicado su divina dulzura. Por esas mismas puertas del dolor y la prueba, en medio de la calumnia y el destierro, han entrado en los corazones templarios la fortaleza, la pobreza, la castidad, el perdón de las injurias y todas las virtudes evangélicas. Aquello que al mundo le parece imposible o insoportable, por la gracia y el ejemplo de Jesucristo, se vuelve puro, llevadero y dulce para quienes todo lo entregan por amor a su Redentor.

Nada tan útil, Hermano, porque en las llagas de Jesús encuentra el alma atribulada el refugio inexpugnable y las gracias necesarias para su salvación. Por sus sagrados méritos adquieren un valor eterno todos los padecimientos, persecuciones, dolores y quebrantos que nos afligen en este terrenal destierro.

En este día de luto y de memoria inmortal, roguemos al Señor con todo el fervor de nuestro pecho que nos infunda un indomable espíritu de sacrificio y un amor inquebrantable a los trabajos y cruces de esta vida, para que, manteniéndonos firmes en la verdad y el honor, podamos llevarlos al cielo cual trofeos de nuestra victoria, tal como nuestro Señor llevó sus llagas adorables.

Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

12/10/2026

Querido Hermano Templario, contempla y haz arder en tu pecho la profunda, insondable y sagrada voluntad de Dios que con fervor desesperado imploramos se cumpla. ¡No es un mero deseo! Es el fuego devorador e inextinguible de la majestad divina. Esta voluntad eterna se revela en los cimientos inquebrantables de la ley, en los sublimes consejos del Evangelio que nos elevan al cielo, y en el susurro íntimo, esa llama secreta e incandescente del Espíritu Santo que guía cada uno de nuestros pasos en la más densa oscuridad.

Siente el peso sagrado, la urgencia sangrienta y la gloria de tu juramento Templario. ¿Acaso puedes seguir doblegándote cobardemente ante las sombras? ¡Jamás! Debemos clamar con el alma desgarrada y el corazón en la mano a nuestro Señor:

"¡No quiero! Señor, rechazo con rabia la senda ruin de mi voluntad propia, que es perversa, ciega y me despeña al abismo. ¡No quiero! la tiranía brutal de la carne, esa bestia rebelde que combate sin tregua contra el espíritu inmortal que nos has dado. ¡No quiero! el engaño venenoso y mortal del demonio, cuya voluntad es la esencia misma de la injusticia y la perdición. ¡No quiero! el espejismo hueco y traidor del mundo, que no es más que vana ilusión, ceniza y polvo. ¡Solo Tu voluntad se haga, Señor, solo la Tuya! Porque ella es el único faro que irradia bondad absoluta y justicia, la regla inmutable e inquebrantable de toda virtud verdadera."

¡Oh, Dulce Jesús!, que descendiste de la gloria celestial no para complacer tu deseo, sino para consumar hasta la última gota de sangre la voluntad ardiente del Padre... ¡Socórrenos! Concede a este miserable y humilde siervo la gracia suprema para negar, aplastar y crucificar mi voluntad propia sin reservas, para someterla por entero, rindiéndola rendida y postrada ante la majestad de la voluntad divina.

Profundiza, Hermano, en la forma feroz en que esta voluntad debe ser cumplida, una verdad que retumba en las alturas con la fuerza estremecedora de un trueno: "Así en la tierra como en el cielo."

Mira a los ángeles, a los espíritus bienaventurados que la ejecutan celosamente en la presencia mismísima de Dios. ¡Esa debe ser nuestra medida, nuestro estandarte supremo y nuestra única norma!

Primero, con una entereza inquebrantable, ¡sin fallar jamás en nada! Ni la más pequeña mella o grieta puede tolerarse en nuestra sagrada armadura.

Segundo, con una pureza de intención que abrasa cualquier impureza: ¡Solo complacer a Dios, y a nadie más, en cada aliento, en cada oración y en cada golpe de espada!

Tercero, con la velocidad y prontitud de un rayo, ¡sin la menor vacilación, cobardía o repugnancia! No hay espacio para la duda ni la tardanza.

Cuarto, con la fortaleza indomable y la perseverancia de un verdadero guerrero Templario, que sabe que esta batalla sagrada solo termina con el último suspiro de vida.

Quinto, y el corazón de todo nuestro ser: por amor, ¡con un amor tan abrasador, tan continuo e intenso que nos haga saborear el cielo y g***r en el cumplimiento de cada precepto!

¡Hermanos! ¡Elevémonos con una fe inquebrantable y una pasión desbordante! Roguemos al Padre, no con la tibieza que repugna a Dios, sino con la fuerza implacable de nuestro compromiso sagrado, que nos conceda la gracia de cumplir Su divina voluntad con la más absoluta y heroica perfección. Que nunca jamás se diga que un Templario retrocedió o se quedó corto, por falta de entrega, en aquello que nuestro Señor nos exige con tan sublime excelencia.
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹

11/10/2026

Querido Hermano Templario, contempla con estremecimiento cómo el pecado mortal es la implacable muerte del alma. ¡Comprende de una vez que el pecado es un veneno mortífero y voraz!, una ponzoña vil que devora y aniquila el alma de quien se atreve a cometerlo, pues la despoja violentamente de la gracia de Dios, que es su aliento de vida, su luz y su único sustento.

Para que penetre en lo más profundo de tu ser la magnitud de esta catástrofe espiritual, fija tu mirada en los estragos pavorosos que la muerte corporal causó en la persona de Lázaro. ¡Míralo ahí, yaciendo en la tiniebla del sepulcro! Es un cadáver hediondo e infecto, un resto miserable que causa espanto y horror a cuantos se atreven a contemplarlo. Sus propias hermanas, que lo amaban con frenesí, ya no pueden soportar su cercanía y suplican entre lágrimas a Jesús que no remueva la pesada losa que lo oculta en las entrañas de la tierra. ¿De dónde procede tan dolorosa y sobrecogedora mudanza? «¡De que está mu**to!», responderás sin duda con la voz temblorosa. ¡Te engañas! Solo está dormido, como nos revela el propio Jesucristo. Esa muerte del cuerpo que tanto pánico y repugnancia nos causa no es más que una sombra, una débil imagen; la verdadera, la desgarradora, la única muerte destructora es la muerte del alma... ¡el ma***to pecado!

Examina con dolor y devoción, Hermano Templario, las terribles y exactas semejanzas que unen al cuerpo inerte de Lázaro con la figura del pecador empedernido. Lázaro yace ligado y oprimido de pies y manos; el pecador se halla trágicamente agarrotado por las cadenas oxidadas de sus vicios y las crueles ataduras de sus malas costumbres. Lázaro tiene el rostro cubierto por un sudario de tinieblas; el pecador que se despeña en el abismo del hábito perverso está cegado por una oscuridad tan densa y asfixiante que no logra atisbar la deformidad de su miseria, ni la resplandeciente hermosura de la virtud, ni el abismo de desgracias que sobre él se cierne. El cadáver de Lázaro ya no siente los gusanos que le devoran la carne; del mismo modo, el pecador endurecido permanece insensible a la podredumbre infernal que le carcome y le roe el corazón.

Ese pecador impenitente no solo está trágicamente mu**to y enterrado, sino que exhala la misma fetidez nauseabunda de Lázaro. Este hedor insoportable, como nos advierte con vehemencia nuestro insigne y Santo Patrón San Bernardo, representa la pestilencia espiritual del pecador escandaloso, cuyo espíritu corrompido precisa ser enterrado sin demora para no infectar y envenenar a cuantos a él se acerquen. Tus extravíos y deshonestidades permanecieron en un principio ocultos en la sombra, dañando únicamente a tu propia alma; pero hoy claman y apestan, porque han infestado las casas de tus amigos y hermanos con el olor mezquino de una vida escandalosa. ¡Por dondequiera que caminas exhalas ese tufo mortífero que conduce a la perdición eterna!

Y no olvides jamás en tus tribulaciones que los sufrimientos que Dios nos envía por las faltas que hemos cometido no brotan de la venganza ni son un castigo, sino la más piadosa y urgente de las advertencias: son un aviso misericordioso del Padre para despertar al alma durmiente antes de que caiga al abismo.

Pídele a Dios con el corazón en llamas y entre sollozos, Hermano Templario, la sincera conversión de tus culpas. Si de verdad anhelas salvar tu alma, obedece sin dudar, sin un solo segundo de dilación, a la voz imperiosa de Cristo y de su Santa Iglesia. ¡Resucita y sal de inmediato del sepulcro infecto de tus vicios antes de que la muerte de tu alma se vuelva definitiva y eterna!
Ten grabado a fuego en la memoria, querido Hermano, que eres un Templario, y que tal dignidad exige ser un verdadero y bravo Soldado de Cristo. Como tal debes erguirte e irrumpir ante el mundo, ese mundo que es, por su propia naturaleza corrupta, el enemigo acérrimo del Templario. Para aplastar y derrotar al mundo debe brillar tu alma pura y limpia, totalmente dispuesta para el combate sagrado; tu armadura de la fe debe resplandecer inquebrantable, lista para detener los dardos del maligno, y tu espada de luz, afinada y presta para exterminar las tinieblas. Porque jamás debes olvidar, Hermano, que el Temple es la mismísima espada de Dios. Y marchando al lado de Dios, nada en este universo has de temer, pues como proclamó con voz de trueno el Arcángel San Miguel: ¿Quién como Dios?
FTAT.NNDNN🌹❤🌹

10/10/2026

Querido Hermano Templario, considera arder en esta verdad que desgarra el alma: en Jesús, y solo en Él, se yergue la absoluta, incandescente e imponente imagen de Dios en toda su majestad. ¡Contempla con temblor! Porque el Verbo es el grito vivo, la sustancia misma y el espejo inmaculado de la infinita bondad del Padre, y esa luz ciega, se desborda y quema nuestra frágil arcilla. Todas las perfecciones de la Divinidad, en un arrebato de amor feroz y total, se concentran en Él, haciendo de Jesús la cumbre consumada, el reflejo eterno del Altísimo.

En Él, cada aliento quema con fuego santo, cada fibra es de pureza implacable. Santos sus pensamientos, abrasadoras sus palabras, santas y soberanas sus obras. ¡Así debía ser nuestro Sumo y Eterno Pontífice! Santo, inocente, puro, tajantemente apartado de la miseria del pecado y elevado en gloria más allá de los cielos, como ruge San Pablo. Si Él es el sagrario viviente de la Divinidad misma, ¿cómo osas siquiera medir la altura de Su santidad cegadora?

¡Álzate y penetra en el sancta sanctorum! Rompe el velo donde habita el Dios escondido y deja que tus ojos se abrasen ante el fulgor de cada virtud que brota del divino Maestro. Lee con el alma en vilo este Libro de Oro, contempla sin parpadear este Espejo sin mancha. Y ahora... ¡atrévete a mirar la sima de tu propia alma! Mira la podredumbre de tu egoísmo, y deja que el peso de la vergüenza te inunde, te fracture y te purifique hasta los huesos.

Examina, una a una, las joyas de Su virtud: las internas que incendian Su espíritu, las externas que moldean Su paso, las que se clavan en Dios por la adoración y las que abrazan al hombre con misericordia. En todo, Hermano, en lo sublime y en lo ínfimo, tras esa carne humilde late la Perfección Infinita. El único Modelo. Lo mismo cuando Sus manos tallan la madera que cuando Su alma se desangra de angustia en el huerto, cuando Su voz enseña la verdad implacable que cuando Su espíritu guarda silencio en la noche oscura. Todo lo consuma con una santidad feroz y sin medida.
Jamás, ¡óyeme bien, jamás!, la más leve sombra de defecto manchó uno solo de Sus actos. En cada segundo, Él hizo retumbar en la tierra y en el cielo el cántico tronador de los serafines: ¡Santo, Santo, Santo!

Todo lo realizó con una Bondad que devora el universo, consagrando cada microsegundo a la gloria inmarcesible del Padre y al rescate de nuestra miseria. Él sabía que cada latido de obediencia, cada anonadamiento total, cada mínima brizna de virtud aplastaba la Justicia Divina ultrajada por nuestra culpa. Sabía que cada acto era un lingote de fuego que llenaba el tesoro de gracia para salvarnos del abismo.

Considera ahora, Hermano, ¡y deja que la respuesta te apuñale el pecho!: ¿Qué tienes tú de ese divino Modelo? ¡Si tu conciencia te grita que nada! Él lo hizo todo perfecto, ¡y tú lo embarras todo! Él buscaba solo la gloria de Dios; tú, ¡tu ruin y miserable ego!

¡Despierta de una vez! Es un mandato de sangre. Tienes la obligación de grabar a fuego vivo en tu espíritu las trazas de Su perfección. ¡Cumple tu juramento! No eres un hombre común, arrastrándose por el fango; eres un Caballero Templario, un Soldado del Dios Vivo. ¡Actúa como tal!
FTAT. NNDNN 🌹❤🌹

08/10/2026

Querido Hermano Templario, ¡abre los ojos de una vez ante la ciénaga de mentiras que nos asfixia! ¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando los engaños de este mundo ma***to? ¡Nos seduce con falsas promesas que se esfuman como el humo, dejándonos el alma seca, hastiada y consumida por la hiel de los remordimientos! Sus placeres no son más que cenizas y veneno que conducen directos a la muerte y al suplicio eterno del in****no.

¡Ese mundo corrompido es el putrefacto enemigo de Jesucristo, el lacayo fiel del demonio, el tirano despiadado de la virtud y el infame protector de todos los vicios! Quien osa amar sus cadenas se convierte en un traidor: cristiano de palabra, infiel de corazón. Los demonios tiemblan ante Dios; el mundano, en cambio, se mofa de su Creador. ¡Despierta ya! ¿Vas a seguir besando la mano que crucifica a tu Maestro? ¿De qué lado vas a empuñar la espada?

¡Huye! ¡Huye de esa trampa con toda la furia de tu espíritu y la determinación de tu sangre! Sus costumbres apestan a podredumbre, sus ejemplos escandalizan al cielo y sus secuaces son soberbios y miserables. ¡El mundo ya está condenado por la justicia divina! ¡Maldito sea el aplauso del mundo, pues como advierte el Señor, quien pertenece a esta Babilonia morirá en su propio fango!

Entonces, Hermano de la Blanca Milicia, ¿por qué titubeas? ¡Jesús proclamó que no es de este estercolero! Si tú pretendes pertenecerle, ¡rompe las amarras con esta farsa!

Grita con tus obras, no con vanas palabras: "¡Yo no soy de este mundo ma***to! ¡Prefiero el polvo y la cruz junto a Jesús que reinar en la mentira de los hombres!". Solo así, quemando las naves y abrazando el sacrificio, te alzarás como un auténtico Caballero Templario.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

¿Quieres que tu organización aparezca en primer lugar en la categoría Organización Sin Fines De Lucro en Inca?
Haga clic aquí para reclamar su Entrada Patrocinada.

Dirección

Avda. Es Raiguer, 63
Inca
07300

Notificaciones

Sea el primero en enterarse: le enviaremos un correo electrónico cuando Gran Encomienda de Inca y norte de Mallorca publique novedades y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin y puede darse de baja en cualquier momento.

Suscribirse

Le avisaremos cuando ocurra algo en Inca.